PUERTOS DE RIO FRIO 25-2-07
La historia que hoy nos ocupa nos lleva a aquel domingo de Febrero en el que Luis, Alex y Gonzalo deciden internarse en los míticos Puertos de Río Frío (cerca de Cucayo, Liébana; tierra indómita y salvaje).
Comenzaron la jornada con una grata sorpresa: "Dormilón" estaba a la hora en el sitio acordado.-Mmm, la cosa empieza bien -pensaron.
Camino de San Glorio pararon a desayunar y a comprar el avituallamiento en el Bar de "La Vieja". Puede que alguno lo conozcais. Un bar pequeño y encantador lleno de estampitasal borde de la salida de Virgen de la Peña regentado por una señoruca de trato agradable y habililad en los negocios.
Tras despedir a su amiga siguieron camino de Cucayo (¿o era Cahecho?)

Si hay que bajar se baja pero bajarse por bajarse es tontería

Al inicio de la ruta alguno no era muy partidario de cargar con las raquetas. La nieve quedaba muy lejos...

...Paso a paso fueron avanzando y paso a paso fue haciendose más grande el grupo. Gentes de todas partes se unieron a su marcha haciéndoles un poco más grandes a ellos mismos.

De pronto el tiempo cambió. Las nubes se metieron y una fuerte ventisca acompañada de nieve castigo sus fuertes y duros cuerpos. Era el fín. Sacaron las raquetas y trataron de mantener alto el ánimo. La vida de la gente que había confiado en ellos pendía de un hilo.Tenían que continuar.
Una vez que dejaron a sus amigos en sitio seguro decidieron seguir y tratar de acabar el viaje buscando un sol en el que pocos creían.
Peligros de todo tipo acechaban:
Magos embaucadores disfrazados de montañeros que pretendían desviarles y mandarles al abismo de las faldas del traicionero Curavacas; el Dios Eolo envolviéndo de nieve y viento cuanto había, borrando así todo rastro de senderos; puentes colgantes flanqueados por taludes de nieve dispuestos a caer sobre los valientes...

El avance era penoso.Sus cuerpos comenzaban asufrir los rigores de tantas adversidades: abductores doloridos, gemelos cargados...

Pero siguieron y poco a poco
fueron encontrando
su luz. Era el momento de reponer fuerzas. ¡Ah, qué momento el de la comida!

Tras aquel collado se adivinaba el horizonte prometido: Cielo despejado, viento en calma, sol brillante y los Picos de Europa en toda su grandeza saludando a aquellos tres aventureros que ese día decidieron darse un paseo por su estribaciones.

Pero no se habían acabado ahí todas
sus tribulaciones. En lo más apacible de la jornada, la montaña, siempre traicionera si no la conoces, estuvo a punto de tragarse a un miembro de la expedición:

-"¡Socorro!¡Qué me hundo!¡Qué me hundo!- Pudo haber gritado Alex. No lo escuché porque las risas de Luis y Gonzalo no me dejaron.

Pasado el trance y con poco más fueron en busca de la montura que en Cucayo les aguargaba.
Quedaba volver a sus hogares y relatar a sus familiares y amigos lo que pasaron y viveron estos tres valientes y osados en esta fantástica odisea que aquí se acaba por hoy.

¡Hasta la próxima, amigos!



"Alé, alé, alé" 

Acompañantes
















